Existen entradas inmaculadas a la Tierra. Sobreiluminación constante




El catarismo, hablando de modo espiritual, es una tradición de tiempos remotos, de la época anterior al remodelado de adaptación. La sucesión cátara la describe vivamente, muestra la espiritualidad del Univérsum que hubo antes del remodelado de adaptación. ¡Manifista en sí un tesoro imperecedero lleno de Llaves de Oro!
La base del catarismo es esta:
Existen entradas inmaculadas a la Tierra, a pesar del remodelado de
adaptación.
Ya solo con esta idea se trazan unas puertas nuevas.

El alma que concibe las esfer as de minné se hace absolutamente beata


Según la estadística celestial, un alma entre mil viene a la Tierra más
allá del remodelado de adaptación. Y cada alma puede vencerlo  (!) —
por medio del cetro exórtico de nuestro Altísimo.
El objetivo del catarismo es convertirse en un ser humano 100
por 100 no de este mundo, es decir, vencer la corrupción demiúrgica y
recuperar los compuestos perjudicados.


Está claro, los cátaros eran absolutamente amundanos. Pero ¿cómo habían conseguido la amundanidad? ¿Y para qué, en realidad, había sido
necesario rechazar todos los bienes terrenales, promesas, gosadas, todo lo que puede dar el mundo vetusto, intereses sociales, culturales, creativos — las trampas en las cuales cae el ser humano desde el punto de vista del catarismo? ¿Qué promete el catarismo en su lugar? ¡Cuestión importantísima!


El catarismo enseña que se necesita rechazar los bienes perecederos, ¡a favor de bienes mayores, a favor de las beatitudes! Las beatitudes de los amundanos cátaros cuales son ¡inapreciables! ¡Beatitudes! Y su cumbre es Minné.


El alma que concibe las esferas de Minné se hace absolutamente beata.
Vence a la muerte y encuentra la inmortalidad.
Según los estatutos cátaros del Universo, Minné se revela (puede ser
revelada) a medida que una persona es recompensada con la corona
del vencedor. Porque Ella no existe en el mundo tridimensional,
no
existe por definición
. El Demiurgo la desconoce, no la entiende, la persigue y desprecia...

La muerte llegó con la pérdida de Minné, con el apagamiento de
la vela en el interior. Y se vence al volver bajo el amparo mínnico. ¡Catarsis es volver bajo el amparo mínnico! ¡Descendimiento bajo el amparo del amor sobrecelestial, propio de las divinidades y los humanos!
Pero se necesita una hazaña. Acumular Minné no es tan fácil. Quizás,
cuesta más que conquistar la mitad del mundo. Es necesario iluminarse, vencer programas fatales... ¡¡¡
sobreiluminarse!!! ¡Pero ni siquiera es sufisiente con la sobreiluminación (¿sabéis qué batalla empieza?
—se sublevará todo el infierno)!


Es necesario conseguir el escalón de sobreiluminación constante. Entonces se enciende la vela inapagable, ¡y la perspectiva ya no se
enturbia! Los perfectos habían conseguido el escalón de sobreiluminación constante, habían entrado por estar bajo el amparo de Minné.


Del libro de Juan de San Grial

“EL HOMBRE COMO DIVINIDAD”

   El humanismo cátaro: el pleroma de la Divinidad que habita en el hombre



El catarismo es la misericordia extralimitada del Padre y de la Madre del puro amor; es la Minné (amor superante) manifestada, la milía en el centro del ser humano.
   
   El credo del catarismo es: 
1) Dios es amor, y 
2) la divinidad habita en el hombre sin condiciones, sin restricciones y sin dependencia, de manera escondida en los castillos interiores.

   Sin condiciones significa a pesar de los fallos;
sin restricciones: por muy diversos que sean los argumentos presentados;
sin dependencia del estado corriente de la tierra;
de manera escondida — en la plenitud, pero de manera latente, no manifestada.

   El hombre no es simplemente el valor superior, como creían los filósofos humanistas del siglo XVIII. Nos diferenciamos de ellos, del mismo modo que del gran ilustrador espiritual León Tolstoi, en que comprendemos al hombre como la plenitud personificada del Altísimo. El remodelado de adaptación en realidad no ha cambiado nada, sino que ha hecho retroceder los compuestos divinos hacia lo interior, disolviéndolos con una agüita turbia. Por eso el prójimo, por muy pecador y nulidad que sea, es intangible.

   La humanidad es en cierta manera la raza de los intangibles. ¡El hombre es el valor absoluto, en virtud de que en él habita la divinidad superior, el Padre de la ecúmene conjunta!

La inquisición hurtó la idea del teohombre


   El cristianismo ha particularizado al hombre, lo ha trasladado hacia el yaldabaotismo reformado judeo-petriano (del apóstol Pedro): Elohím-Jeová es el único dios, su hijo Jesús ben-Elohím (hijo de Elohím (hebreo) es el único teohombre y nadie más puede hacerse teohombre.

   Los profetas cátaros (en particular en la época del florecimiento del catarismo medieval) afirmaban que la inquisición romana hurtó la idea del teohombre al arquetipo hiperbóreo. En los tiempos de Hiperbórea, dios y hombre se entendían en su conjunto. No había entonces ni templos ni dominio de rituales y culto. La divinidad habitaba en el hombre de manera visible y transparente.

   El hombre es teoantropoide desde el principio. Pero luego fue disminuido en su hipóstasis divina por varios tipos de magia ritual, que fue acompañada por curiosidades mitológicas.

El concepto del teoantropoide 

se opone a todo lo que preconiza el culto distante.


   La distancia siempre es algo particular, limitado, transitorio, que se lleva a lo absoluto, se santifica y se hace un valor sagrado, en favor del cual es admisible sacrificar al hombre. Las iglesias cristianas modernas lo muestran en varias formas. Desde su punto de vista, los santuarios eclesiásticos, el templo, el sacerdote, el poder estatal, son valores superiores al propio hombre.

   Si razonamos así, entonces cualquier sauna de aldea es más valiosa que el hombre, ya que la visitan varios aldeanos y no uno sólo. El hombre es nada; de él no se puede sacar ningún provecho.

   ¿Qué es más valioso: el mammón (el espíritu de dinero y de utilización de los demás para fines propios) o el hombre? Claro que el mammón - dicen ellos. ¿Qué podrás aprovechar del hombre en sí mismo? Y mammón te da el beneficio, el estado de la sociedad, etc.

   Por eso, mires donde mires, por todas partes hay corrupción, soborno, mafia, mentira...

La blasfemia contra el hombre:
 una humillación que dura más de 7000 años

   Cristo decía que la calumnia contra el Espíritu Santo es el único pecado imperdonable. El Antiguo Testamento, especialmente en ‘El Génesis’, calumnió al hombre, calumnió el espíritu Paternal que le fue presentado durante la creación.

   En el hombre habita el gran espíritu del Padre. Creerlo nulidad, nada, algo creado del barro, etc., es una blasfemia, un sacrilegio.
   Según las ideas cátaras, la blasfemia contra el hombre es la conspiración consciente de las fuerzas oscuras, que lo odian, que se enemistan y compiten con él.

   La calumnia contra el Espíritu Santo es también la doctrina católica de san Agustín, respecto a la creación del hombre ex nihilo, desde el polvo. La consecuencia directa de esta doctrina es la imposibilidad de ascender por la escalera, la prohibición completa de la divinización. El acento se pone sobre la salvación, sobre lo negativo, sobre el pecadocentrismo.

   Hay que vivir precisamente el estado de los calumniados, la humillación de los homo sapiens, que perdura ya más de 7000 años, desde el principio del remodelado de adaptación.

Nuestro Padre no ama los templos, sino los corazones


   Nuestro Padre no necesita ni la escritura histórica, ni los templos, ni los sacerdotes. El hombre para Él es un dios potencial, un icono andante y un templo en el cual se lleva a cabo el oficio divino por los ángeles celestiales.

   El nuevo humanismo suprimirá las cáscaras de piedra del tipo de los templuchos rituales, etc. Dios no está lejos del hombre y el hombre no está lejos de Dios. Ellos forman un solo ser eterno y único. La divinidad desea habitar en el interior del hombre y no estar en las cabezas de misiles nucleares y sobre las cúpulas acebolladas de los templos. Nuestro Padre no ama los templos (“Yo no vi templo en ella” (Apocalipsis 21:22), sino los corazones. ¡Ama a los hombres!

   ¡Ojalá pudiéramos amar a los hombres con el amor con el cual nos ha amado Guan Min, la Mamita de Bondad Desbordante!

   La plenitud de la divinidad, que habita en el hombre de manera escondida, tiene que ser manifestada por el roce del cetro bodhisátvico del ungido. Se manifiesta tras los esfuerzos de la bondad, de la purificación, de llevar la cruz, de la infinita paciencia y de la veneración de la Reina del
amor y bondad superiores.


Se modela el nuevo hombre 

como un ser ilimitadamente bondadoso


   El eje mundial se ha desplazado en dirección a la bonhomización. Los doce zodiacos rencorosos pierden su poder. ¡Ya no existen más! ¡La tierra hoy en día tiene nuevos protectores: los tronos de las 16 constelaciones bondadosas!

   Se modela el nuevo ser humano —ilimitadamente bondadoso. AMDH (Reina, Señora, Diosa, Virgen, Madre) es enviada como gran arquitecta, como sanadora, como el architectón del orden superior. La mensajera del Padre del puro amor, Madrecita de la bondad extralimitada, de la sabiduría, de la fidelidad, del amor al hombre. Ella libra la batalla contra la adversaria Lilith, que está detrás de la escuadrilla humanoide ‘Murciélago’.

   Guan Min (diosa taoista), con su cetro bodhisátvico, desea devolvernos la cultura del tao, es decir, de la paradoja que nos habla sobre la inunivocidad del mundo: la comprensión de la tierra no es unívoca, ni tampoco lo son el curso de la historia mundial ni el destino humano. Ella devuelve los valores arquetípicos, eternos, imperecederos, y presenta el bogomilismo y el catarismo como nuevos tesoros que deben enriquecer al hombre.

La divinidad cuyo nombre 

no es ‘UN SOLO’ sino ‘UN TODO


   El particularismo (particularidad) religioso se suprime. Ha llegado el tiempo de la espiritualidad universal. Es inútil hoy en día tratar de predicar los modelos sincréticos: juntar de manera artificial el cristianismo, el budismo, el islam o el chamanismo. Es necesaria la intervención de lo alto.

   Reina Celeste es la salvadora de la situación. Ella anuncia la otra divinidad, cuyo nombre no es ‘un solo’, sino ‘un todo’. La tesis taoísta (paradójica y zen) de Guan Min dice:

   “Por muy bajo que caiga el hombre, por mucho que se ilusione y se equivoque (si no es de origen infernal, si no es reptiloide), el Padre no lo dejará”. El pastor deja el ganado sano, toma en sus manos la oveja enferma y la lleva al corral, ofreciéndole signos de atención para curarla con bondad y cuidado.


Buenos Hombres


Los cátaros profesaban el puro amor. Ellos enseñaban que Dios es este amor purísimo. No aceptaban ningún tipo de usurpación ni violencia. Afirmaban que el hombre cambiará únicamente con la fuerza del amor. Ellos alababan Minné —el ideal del amor divino.
Los cátaros eran excepcionalmente bondadosos y amorosos. Con la misma veneración trataban a Dios y al hombre. Ellos negaban “el juicio final” y la represalia de ultratumba por los pecados. Enseñaban que el Altísimo era infinitamente bondadoso y misericordioso, el Padre Buenísimo de los Buenos, Claro y Solar, Fiel hasta lo último, que no juzga y nunca traiciona, Padre Amoroso, Incondicional, Justo y Puro. No creían en un Dios distante, que juzga, castiga, persigue, manda al infierno… Desenmascaraban a sus oponentes, los inquisidores romanos; decían que su religión estaba basada en el miedo. Y el miedo, según los cátaros, excluye el amor.

El centro de su doctrina era el Santo Grial, el recipiente místico en el que habita la Divinidad. La base de la práctica de los cátaros era la catarsis: la completa y profunda purificación del hombre.

LOS NUEVOS CÁTAROS  


No existe una definición breve y concisa del catarismo. La espiritualidad en que se basa la civilización cátara resplandeció en la Edad Media y ha evolucionado continuamente, sin perder su autenticidad. Por ello, todas sus manifestaciones, independientemente de su condicionalidad temporal, componen una unidad inseparable, una tradición común que de siglo en siglo fecunda, escondida o claramente, la cultura humana.
El catarismo es un modo de vida, una forma de ser y una forma de concebir el mundo y convivir con él. Es la realización de las aspiraciones más elevadas y más nobles de la persona, que se realizó en contra del orden mundial circundante, donde impera la usurpación, la competitividad, el materialismo, el miedo, la dominación…
Los cátaros constituyeron una civilización única, cuya base estaba formada por la certeza absoluta de que la Divinidad reside en el interior del hombre, de que el hombre es bueno y de que el hombre es el mayor valor de la Tierra. Esta certeza, que compartían muchas civilizaciones del pasado,  tiene bases y raíces históricas, pero su resolución está en el presente y en el futuro. El catarismo no contempla  solamente el movimiento espiritual de la Europa occidental medieval que cayó  bajo los golpes de la cruzada y la inquisición, sino que es comprendido como la espiritualidad del amor puro y libertad plena, dirigida a la Divinidad celeste, que eleva el alma hasta la dignidad divina.
Pero más importantes que los cátaros que estaban en la gloria y morían por la fe hace ocho siglos, son los cátaros de este siglo, los cátaros como son ahora, los cátaros que son superiores a sí mismos, los cátaros “al cuadrado”, los lúcidos y puros cátaros, cuya cantidad se multiplica por toda la faz de la tierra.
Estos cátaros nuevos y transubstanciados no necesitan la verdad histórica. En el fuego espiritual de las hogueras medievales quemaron sus  antiguos tratados, sus misterios y misticismos, sus “confesiones inconfesables”. Se quemó absolutamente todo en el fuego del Amor, y hoy resurgen como el ave fénix, como el ave sol multiplicados con la fuerza del amor superior, del puro Amor Minné.
Lo más importante sobre los cátaros es el mensaje trasmitido por ellos a través de mil años. La incesante oración pasional cátara que no ha dejado de sonar desde su gólgota y desaparición en 1246, y que ha mantenido encendida la vela inapagable de la verdadera dignidad humana en lo más profundo de su corazón.
Esta espiritualidad es ajena al dogmatismo y al espíritu de la rutina ritualista. Abre el potencial de la ascensión espiritual, que permite superar los límites de la existencia tridimensional en la que nos vemos sumidos y alcanzar la vida auténtica.
Se podría hablar dos mil años más, hay mucho que decir de ellos, un sinfín. ¡Pero mejor que se derrame este mar de amor cátaro en los corazones de millones de personas y dirá más que las palabras que se puedan expresar.
Los cátaros deseaban solo una cosa, descubrir el verdadero hombre en sí mismo, abrirle los ojos para ver su interior, abrir las despensas puras del potencial divino.
Aquí el mundo está lleno de los nuevos Albigenses, Cátaros, Templarios, Rosacruces, Serafitas, Melquisedeques… Son miles de nombres más, porque son indecibles los nombres de su Dulcísima Señora Madre Sabiduría Divina. Indecible es el Cristo del futuro siglo. Indecibles son ellos, más grandes que ellos mismos.